Gracias a las proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales que aportan las carnes de res y de cerdo, como especie humana hemos podido crecer, prosperar y alcanzar nuestras metas. Tales nutrientes difícilmente se pueden encontrar al mismo tiempo en otros alimentos.

Aparte de agradar el paladar y contribuir a nuestra buena salud, la carne tiene otra ventaja para sus consumidores colombianos: disponibilidad en todos los comercios, sean plazas de mercado, tiendas, supermercados de barrio o grandes superficies.

La encontramos “caliente” (temperatura ambiente), refrigerada (a dos grados) y congelada (menos cinco grados), que es la manera más segura de comercializarla, transportarla y almacenarla hasta por un año, manteniendo la cadena de frío.

Dicha cadena es responsabilidad también del consumidor final, quien debe seguir algunas sencillas recomendaciones. Dependiendo del momento de consumo, se escoge entre carne refrigerada (para el mismo día o siguiente) y congelada (en tres días o más).Que la carne sea lo último en la canasta antes de pagar.

La carne congelada no es carne de menor calidad. Es carne fresca congelada tecnológicamente para preservar su calidad hasta disfrutarla en la mesa. Para eso, antes debemos descongelarla de manera adecuada, pasando la carne del congelador al refrigerador un día antes.

La completa oferta de carnes rojas en Colombia, satisfecha por productores locales e internacionales, incluye cortes de cerdo y res importados de Estados Unidos, uno de los mejores productores globales en cantidad y calidad.

La carne estadounidense es fruto de 150 años de experiencia en producción tecnificada, que usa menos tierras, agua y energía, emite menos gases de efecto invernadero y cuida siempre del bienestar animal. Además, se trata de una producción eficiente sostenida por decenas de miles de familias ganaderas y porcicultoras.

Estas pequeñas unidades productivas cumplen rigurosos estándares que contemplan la no utilización de hormonas y el uso responsable de sólo antibióticos veterinarios. Aprendieron a hacer mucho más con menos, adoptando avances en genética, nutrición, bioseguridad e instalaciones para animales.

De esta manera y como sucede en otros 110 países del mundo, decenas de miles de familias ganaderas y porcicultoras estadounidenses complementan la oferta nacional con carnes de alta calidad, enriqueciendo así nuestro menú diario y poniéndole más sabor a nuestra calidad de vida.

¡Buen provecho!

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