Juan Pablo Tettay Hace más de cinco años aparecieron en Estados Unidos restaurantes clandestinos que despachaban a domicilio a través de las plataformas, sin tener un local o estar legalmente constituidas. Eran establecimientos que funcionaban a puerta cerrada, escondidos de los comensales. Los medios los bautizaron con el nombre de ghost kitchen, un término que en español se tradujo como cocinas ocultas.

El tiempo ha corrido desde esos primeros lugares que en un principio fueron vistos como ilegales. Hoy, el modelo evolucionó y ha sido aprovechado por la industria para bajar costos y separar la operación presencial de la de los domicilios.

Sin embargo, una cocina oculta va más allá de abrir un centro de operaciones y publicarlo en una plataforma. Detrás debe haber una robusta estrategia de mercadeo digital que garantice
visibilidad. Además, no se puede dejar nada al azar: menú, operación, manejo de insumos… Hay
detalles que deben tenerse controlados para que haya siempre éxito en el negocio.

Con esta edición sobre cocinas ocultas, empezamos en La Barra una nueva etapa. Nuestros contenidos se hacen más profundos y estrenamos un diseño moderno. Esperamos que a partir de este momento, nuestra publicación se convierta en una lectura obligatoria. No dude en contarnos cómo le pareció nuestra nueva cara.