Por: Mariano Arango L., gerente general de Axioma B2B Marketing

Esta semana me llegó un correo electrónico enviado por el propietario de un restaurante buscando quién le tomara su local. Para mayor claridad es un local cerca al Carulla de Quinta Camacho, en Bogotá. Este cuenta, según el arrendatario, con una tarifa de arriendo a mitad del precio, en comparación con otros locales de la zona, a pesar de las inversiones que hicieron en adecuaciones.

Es entendible que esta persona sienta tanta presión —por la forma en que se acumulan el arriendo y los servicios, entre otras cosas—, que hoy prefiera perder toda su inversión en la adecuación del local y regalar las condiciones preferentes del contrato. Es decir, perderlo todo.

En buena parte esto se debe a que cuando una persona entra en pánico, su cerebro entra en una especie de shock en medio del cual solo encuentra dos alternativas de acción: paralizarse o huir. Pues permítanme poner sobre la mesa al menos una nueva alternativa para evaluar: buscar inversionista para su empresa.

La primera es la venta de parte de la empresa a un inversionista. Por supuesto a esta alternativa salta inmediatamente la pregunta, ¿quién estaría hoy dispuesto a invertir en un restaurante? A lo que yo respondería que en la medida en que las señales mejoran en el mundo; entre ellas están la mejora en las bolsas del mundo, la subida en el precio del petróleo y la tendencia bajista del dólar en Colombia, que mejora también la oportunidad de encontrar socios temporales.

Los primeros inversionistas que se me vienen a la mente son los mismos dueños de los locales. Pensémoslo así. Su empresa va a cerrar, va a liquidar a precio de descuento sus equipos o va a guardarlos, con un costo, en una bodega; en tanto que el dueño del local se va a quedar con una cuenta por cobrar quién sabe cuánto tiempo y un local desocupado en un momento en que no hay demanda. En este escenario ambos pierden a lo grande.

Pero ¿qué tal si se convirtiera el valor adeudado de arriendo en una participación del restaurante? Por supuesto sería necesario variabilizar al 100 % los arriendos futuros como una participación sobre las ventas del local. En este escenario ambos ganan posiblemente poco, pero eso siempre va a ser mejor que nada. Además, si el restaurante era concurrido y con reputación antes de la pandemia, está en buenas condiciones de volverlo a ser en algunos meses.

Ahora, un proveedor no va a querer volverse dueño de un restaurante y prefiere renegociar la deuda, que tratar de cobrarla y quedarse con el negocio. Pues eso es cierto hasta un punto, ya que en este caso es el dueño de la empresa el que va a continuar gerenciando y por lo tanto el proveedor no tiene que aprender o gerenciar la empresa a la que se asoció.

Sin embargo, incluso es posible llegar a un acuerdo con el dueño del local para que, cuando las condiciones mejoren, el propietario original del restaurante pueda recomprarle a su nuevo socio la participación entregada en forma de pago.

Siendo así, frente a este escenario hay dos consideraciones finales: el problema de las fusiones y o adquisiciones es acordar una valoración sobre los aportes de ambas partes. En este caso le recomendaría a ambas partes que es mejor un mal arreglo, a un buen pleito que termine en pérdida de valor para ambos jugadores.

Ponerse de acuerdo en las condiciones de gobierno de los accionistas y la metodología de valoración para la recompra deben ser los primeros puntos a discutir. El único que pierde en esta lucha es quien deja de luchar. Mucha suerte a todos.

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