Por: Sr. Alan Bojanic. Representante de la FAO Colombia.

En Colombia, el Departamento de Planeación Nacional desarrolló un estudio en el que estima que la
oferta disponible de alimentos (28,5 millones de toneladas), se pierden y desperdicia el 34 %, así que en el país, por cada tres toneladas de alimentos producidos, se desecha una.

Para comprender el fenómeno de las PDA es necesario conocer que, difieren entre sí de forma conceptual y causal. Las pérdidas son toda la masa de alimentos que debió destinarse para consumo humano, pero que durante las etapas de producción hasta la comercialización al minorista, se descartaron y salieron de flujo de la cadena agroalimentaria debido a inadecuada planificación de la producción, inadecuadas prácticas, ineficiencia en tecnología e innovación, etc.

Los desperdicios por otro lado, corresponden a la masa de alimentos que fue descartada en el proceso de consumo, donde inclusive se incluye al comercializador minorista; estas ocurren por inadecuado almacenamiento, inadecuadas prácticas de manufactura, inadecuada planificación de la compra, confusiones en la interpretación de las fechas de vencimiento, altos estándares estéticos que no coinciden con la perfecta naturalidad de los alimentos, entre otros.

Conociendo cuando se genera una pérdida y cuando un desperdicio, es clave conocer cuánto se genera en cada una de las etapas de la cadena agroalimentaria, pues esto permite que se tomen medidas acertadas sobre los procesos y se prevengan las PDA. De ese 34 % de PDA, que corresponde a 9.76 millones de toneladas de alimentos, la pérdida se acentúa en la fase de producción con un 40.5%, es decir 3.95 millones de toneladas, seguido de 20.6% en la fase de distribución de alimentos, 19,8% en poscosecha y almacenamiento, y 3.5 % (342 mil toneladas) durante procesamiento industrial. En desperdicio, se estimó que ocurre en distribución y retail un 20,6 %, 2.01 millones de toneladas; y 5.6 % en los hogares, es decir 1.53 millones de toneladas de la totalidad de PDA.

Las consecuencias de las PDA generadas, son descritas en el informe del Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación SOFA 2019, el cual tuvo como tema los progresos en la lucha contra
la PDA, donde se abordan consecuencias sociales y las económicas, donde la seguridad alimentaria de los actores se ve afectada debido a la modificación de precios al mercado afectando al consumidor y a los ingresos estables de los agricultores; además de consecuencias ambientales donde se generan diferentes huellas: de carbono, de tierra, y de agua. La huella de carbono, es comprendida como la totalidad de CO2 emitido en todo el ciclo de vida del alimento, y las emisiones de las PDA generadas en la región de América Latina y el Caribe, corresponden al 16 % de la mundial de las PDA; la huella de la tierra es la superficie necesaria para producir los alimentos y la región responde al 9 % mundial dela totalidad de PDA; la huella de agua, corresponde al agua dulce utilizada para producir y suministrar los alimentos hasta el consumidor final, y en ella, la región se atribuye el 5 % de la global por PDA.

La agenda 2030 contempla, a partir del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 12 que hace alusión a la producción y el consumo responsable, la reducción de la mitad el desperdicio mundial de alimentos per capita en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y distribución, incluidas las pérdidas posteriores a las cosechas.

En concordancia otros ODS y sus respectivas metas que buscan incidir sobre la seguridad alimentaria y nutrición; la salud y el bienestar; la sostenibilidad de las ciudades y comunidades; el cambio climático, entre otros; los desperdicios de alimentos se incluyen en apuestas importantes que atacan el modelo de consumo actual de alimentos, promoviendo la igualdad y equidad, por lo que la proyección demanda cambios estructurales.

Los cambios necesarios para el desarrollo de un sistema alimentario sostenible, requiere que las instituciones públicas, el sector privado y la sociedad civil, interactúen con el fenómeno, conozcan su comportamiento y lo dimensionen. Para ello, será determinante que los países adopten y adapten las diferentes metodologías de medición de las PDA -que a la vez comprenden un reto de diseño y consolidación-, para que con esos análisis de líneas de base y tendencias, mediante gobernanza, se formulen, implementen y monitoreen medidas desarrolladas por los estados, con participación de todos los actores.