Esta es la historia de Tigre, el restaurante chino que ha crecido en modelo de cocinas ocultas gracias al apoyo de socios como Rappi.

José Carlo Lapeira recuerda todavía aquel día en el que abrió Tigre. “Era la primera jornada y despachamos 200 órdenes en la primera media hora”. Era el augurio de un negocio exitoso que hoy, tres años después, vende más de 9.000 cajas de arroz chino al mes y que, además de Barranquilla, ya llega con sus cocina ocultas a ciudades como Bogotá y Medellín.

Entres sus factores de éxito, Lapeira destaca dos esenciales: “ser fieles al modelo de cocina ocultas y el apoyo de Rappi en temas de visibilización”. José explica que para la comida china, el modelo de dark kitchens es ideal pues los costos fijos son muy bajos. “Para mi, son el modelo del futuro”, agrega.

Por otro lado, para este emprendedor las plataformas son un socio estratégico: “brindan todas las herramientas necesarias para poder afianzarse en el mercado. Por ejemplo, la data es muy útil a la hora de pensar en estrategias”.

Sin embargo, consciente de que aún hay personas que no piden por plataforma, Lapeira recomienda tener canales propios, entre ellos un call center. “También buscamos que haya contacto humano, por eso establecimos canales directos de comunicación que se complementa con Rappi”.

En cuanto a la producción, Tigre tiene sus propias cocinas: cuatro en Bogotá, dos en Barranquilla y dos en Medellín. Pronto abrirá una en Cali. Han ido aprendiendo de los errores y reconocen que en un principio no tenían procesos claros. “Con la experiencia hemos mejorado el diseño y los procesos internos”.